Todos los partidos socialdemócratas y revisionistas de Colombia, traidores de la clase obrera, están saltando en una pata porque su gobierno incrementó en un 23% el salario mínimo, un 7% más de lo que pedían incluso los sindicatos amarillos quienes, al parecer, se esfuerzan más que el mismo gobierno burgués de Petro, por condenar al hambre a los trabajadores cuyos intereses dicen “defender”. No celebran una victoria de clase, sino el éxito de su propia gestión para perpetuar la explotación; alardean cínicamente de haber aceitado los engranajes de la acumulación de capital con mayor eficacia que la derecha tradicional.
El partido “comunista”, como buen perro faldero del capital, asegura que este salario “asegura que las familias trabajadoras del país cuenten con ingresos suficientes para vivir con dignidad, [siendo esta] ¡una gran noticia para el pueblo trabajador!”; y, esta misma
