sábado, 3 de enero de 2026

¡NO A LA INTERVENCIÓN YANKI EN VENEZUELA!

Los viles ataques del imperialismo yanki contra Venezuela es la aplicación de la “Nueva Estrategia de Seguridad Nacional” que busca, entre otras cosas, recuperar el dominio sobre América Latina que ha ido perdiendo frente a China. En otras palabras, es la confirmación de la naturaleza rapaz de la fase actual del capitalismo: el imperialismo, que busca la nueva repartición del mundo y el sometimiento de las naciones oprimidas.

Frente a esta reprochable intervención y violación de la soberanía y la autodeterminación del pueblo venezolano, los comunistas y todas las fuerzas democráticas y progresistas deben unirse como un solo hombre para salir a las calles y prepararse para la resistencia armada frente a cualquier tipo de agresión imperialista hacia nuestro país hermano o cualquier otro país de la región.

La defensa del territorio venezolano es en este mismo instante una guerra justa y progresista, por lo tanto, la resistencia contra la invasión extranjera no es solo un derecho, sino el deber supremo de todo revolucionario.

Los comunistas deben llamar a la más amplia unidad de acción de todas las fuerzas patrióticas, democráticas y populares para repeler al invasor. En este momento decisivo, el proletariado debe ponerse a la vanguardia de la lucha de liberación nacional.

Los comunistas, al mantener su independencia política y organizativa absoluta, sin olvidar sus diferencias con el nacionalismo burgués o la socialdemocracia gobernante que ha embaucado a los obreros y campesinos para enriquecerse a sus expensas, deben comprender que el enemigo principal de los pueblos de la América hoy es el imperialismo estadounidense.

La táctica debe ser: marchar separados, pero golpear juntos cuando se puede.

Se debe apoyar cada paso real que dé el gobierno para defender la soberanía, pero denunciar implacablemente cualquier vacilación, cualquier intento de pactar con el enemigo o cualquier debilidad en la defensa nacional.

La vergonzosa captura del presidente Nicolás Maduro por las fuerzas imperialistas, facilitada por la inacción sospechosa y facciones internas lideradas por figuras como Delcy Rodríguez, le arranca la máscara a la “burguesía bolivariana”. Mientras llenaban las plazas con discursos de “lealtad absoluta” y “soberanía inquebrantable”, en las sombras, sus camarillas negociaban la rendición o permitían, con su cobardía burocrática, que el enemigo entrara hasta su cocina. Esta es la prueba definitiva de que la defensa nacional no puede confiarse a una casta que teme más al pueblo armado que al imperialismo.

Al permitir que se lleven a Maduro sin disparar una sola bala, han demostrado que su “patriotismo” era solo una moneda de cambio.

Aunque hoy sectores de la dirección vacilan o traicionan, la brutalidad de la ocupación podría obligar mañana a ciertas facciones del gobierno o del ejército, a emprender un combate real, e incluso, por pura necesidad de supervivencia, a distribuir armas entre las masas. Frente a esta posibilidad, la postura de los comunistas es clara: apoyar cada fusil que apunte al invasor y cada paso real de resistencia, pero hacerlo exclusivamente en la medida en que esos fusiles combatan verdaderamente al imperialismo.

Sin embargo, que nadie se confunda: este apoyo en la acción militar no implica confianza política ciega. Incluso en la trinchera compartida, los comunistas deben mantener inquebrantable su absoluta independencia política y organizativa como clase obrera, reservándose siempre el derecho a vigilar a sus aliados temporales y a criticar cualquier inconsecuencia, preparándose para llevar la lucha revolucionaria hasta el final, más allá de donde la burguesía nacional se atreva a llegar.


Escrito por: Violeta Roja